En la actualización del plan financiero del 2023 presentado ayer por el ministro de Hacienda destacamos metas ambiciosas como un déficit de 3.8% y un nivel de deuda del 48.6% del PIB. Dentro de las expectativas macroeconómicas más relevantes para 2023 el gobierno espera un crecimiento del PIB de 1.3%, algo menor a la proyección de 1.8% que había entregado en agosto, mientras que la expectativa de inflación estaría en 7.2% anticipando que los esfuerzos de política monetaria den resultados por el anclaje de las expectativas de inflación. Adicionalmente, argumentan que se están preparando decretos para la desindexación de algunos bienes y servicios de la inflación, aliviando parte del efecto estacional y del salario mínimo (véase tabla 1). La revisión al alza se explica principalmente por las presiones internacionales en el precio de los alimentos y combustibles (conflicto Rusia Ucrania), la disrupción de la cadena de suministros y la devaluación de la moneda.

Flujos hacia emergentes y tasa de cambio
Desde comienzos de 2026, la secuencia también era constructiva hasta antes del deterioro reciente. Enero dejó entradas por USD$100.6 bn, febrero todavía sumó USD$22.4 bn, y solo en marzo se produjo el quiebre, con una salida de USD$70.3 bn. Lo más importante es que este movimiento no fue homogéneo entre clases de activo: en marzo, la deuda EM solo cayó USD$14.2 bn, mientras que la renta variable se desplomó USD$56.0 bn.

