En los pasillos de las grandes firmas de inversión en Nueva York y Londres, la confianza no se mide por promesas, sino por la previsibilidad de las instituciones. Durante un cuarto de siglo, el Banco de la República de Colombia (BanRep) fue el «faro de estabilidad» de la región. Sin embargo, hoy ese faro parpadea. La creciente distancia teórica y la pérdida de unanimidad al interior de las decisiones de su Junta Directiva no son meros debates académicos; son grietas que amenazan con erosionar el pilar más sagrado de nuestra economía: el Esquema de Inflación Objetivo (IO).