En el último año, los mercados del petróleo y del oro han estado marcados por una elevada volatilidad, influida por factores macroeconómicos, geopolíticos y financieros. En el caso del petróleo, los precios registraron repuntes temporales asociados a interrupciones de oferta y tensiones internacionales, seguidos por correcciones derivadas del aumento sostenido de la producción mundial. En contraste, el oro mostró una tendencia estructuralmente alcista, respaldada por la demanda de bancos centrales, las expectativas de menores tasas reales y su papel como activo refugio.